Con cariño y horas de trabajo interminables pero placenteras, fui moldeando y diseñando cada figurita de este pastel de chocolate, bañado en almíbar de trufa y relleno de buttercream de Nutella.
La familia quería sorprender a Antonio y a Vicente, los padres de la casa por su día. Uno de ellos cazador y el otro paseante diario de sus cuatro perros; tres caniches blancos y un cocker negro que le roban el corazón con cada gesto de amor.
Que alegría sentí al ver el resultado del pastelito!. Cuando lo mostré en casa me dijeron “pero si parece una falla” jeje, el corazón se me salía del pecho de orgullo y pensé “ha valido la pena el esfuerzo”.
Y es que uno aprecia mas las cosas cuando le cuestan mucho conseguirlas, les tomas un especial cariño y le vuelcas tus mejores sentimientos.












